El presidente de la Comisión Electoral Central (CEC) israelí, el juez Noam Sohlberg, solicitó en una carta al jefe del Shin Bet (el servicio de inteligencia interior), David Zini, que investigue denuncias recibidas sobre una posible "injerencia extranjera" en las elecciones parlamentarias que el país celebró el martes.
"Si bien no puedo dar fe del fundamento de estas sospechas, considero que ?dado que involucran a entidades extranjeras? existe la obligación de investigarlas a fondo", asegura Sohlberg en la misiva a la que tuvo acceso la agencia de noticias EFE.
El diario israelí Haaretz sostiene que dichas denuncias incluyen la sospecha de fondos desde Qatar destinados a aumentar la participación electoral de las comunidades árabes de Israel en los pasados comicios.
"Es obligatorio velar por que las elecciones sean libres y puras de toda mancha de coacción, influencia indebida y corrupción y que el votante, al ejercer su derecho al voto y expresar su voluntad política en la papeleta electoral, lo hace como persona libre y conforme a su propio criterio", continúa la carta de Sohlberg.
"Una elección comprada distorsiona y tergiversan los mismos fundamentos de la auténtica existencia democrática", añade.
El presidente del CEC solicitó a Zini que "haga todo lo posible para presentar los hallazgos" al respecto "si los hubiera", durante la próxima semana.
El martes, Zini declaró que la jornada electoral estaba transcurriendo "bien hasta el momento", con una participación alta y aseguró a los ciudadanos de Israel que las elecciones estaban "siendo supervisadas y desarrollándose de manera adecuada y ejemplar".
El Likud afirmó ayer haber presentado "cientos de testimonios y pruebas" ante los servicios de seguridad y la CEC en relación a supuestas irregularidades, entre las que menciona "miles de sobres" que, según su versión, contenían "dinero en efectivo junto con papeletas del partido Raam" (formación árabe que obtendría 8 escaños, según los últimos datos del escrutinio).
La Policía de Israel, por su parte, desestimó hoy la acusación del Likud, el partido liderado por Benjamin Netanyahu, de que los partidos árabes estaban intentando "robar las elecciones".
"No hay pruebas que lo respalden. La jornada electoral transcurrió con muy pocos incidentes que afectaran a la integridad del proceso, incluso en comparación con elecciones anteriores", declaró una fuente policial en un comunicado a la prensa israelí.